La belleza y el cerebro

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La ciencia está vigorizando la búsqueda de la teoría de la belleza. Y eso comienza por la pregunta: ¿qué es la belleza? David Hume argumentó que la belleza existe no en las cosas sino "en la mente de quien la contempla", y es como el viejo dicho de que la belleza está en el ojo del espectador. Pero Platón tenía otra respuesta para argumentar por una verdad universal: en su mundo de formas, afirmó que existía una perfecta Forma de la Belleza, que era imperfectamente manifestada en lo que llamamos bello.
Pese a la fascinación de la afirmación metafórica de Platón, los estudiantes de estética han luchado por substanciarla. Los psicólogos evolucionistas han argumentado que existen aspectos universales cuantificables, describibles, de la capacidad humana para apreciar formas bellas, quizás originándose en la experiencia de nuestros ancestros en las sabanas africanas o en la necesidad de encontrar parejas apropiadas. Pero no han resuelto el problema. Sin embargo, el trabajo reciente de varios investigadores de la University College London -incluyendo el establecimiento del primer programa para la investigación neurobiológica de estética, o neuroestética- ha dado los primeros pasos hacia la unificación de la teoría biocultural del arte. La belleza de un objeto puede que no sea universal, pero la base neural para apreciar la belleza probablemente lo sea. Los descubrimientos iniciales de los investigadores y la creciente formalización del campo prometen por primera vez abrir el camino para una comprensión de la belleza basada en algo diferente a la especulación. Los primeros estudios de estética y el cerebro comenzaron con el tipo de auto-experimentación que ya la ciencia no alienta. El neurólogo de los 1920s Heinrich Kluver documentó las alucinaciones que experimentó bajo la influencia de la mescalina, utilizando cuatro categorías: cuadrículas, zigzags, espirales y curvas. Notando las similitudes con las alucinaciones experimentadas en varias condiciones, como migraña, privación sensorial, y el estado hipnagógico que ocurre en la transición del estado insomne a dormir, las llamó "constantes de forma". Estos motivos parecen en realidad constantes, recurren a través de la historia y a través de las culturas, y pueden ser vistos, por ejemplo, en las pinturas prehistóricas de las cavernas, en los patrones girih de los mosaicos de cerámica que decoran las mezquitas medievales, y en las  teselaciones de las imposibles figuras de M. S. Escher o las formas rectangulares de las Composiciones de Mondrian. Subrayando esos patrones, al menos en parte, están las intrínsecas propiedades del sistema nervioso visual. La mayoría de las neuronas en la corteza visual primaria ocurren en estructuras repetitivas llamadas columnas de dominio ocular; estas en cambio está organizadas en hipercolumnas, cuyas interconexiones de largo alcance se disponen geométricamente. La actividad espontánea de estas redes neurales originan los patrones que Kluver estudió. Tales investigaciones de la biología de la estética, sin embargo, no ha sido objeto de investigación primaria por parte de nadie; las investigaciones han estado subordinadas a otros trabajos, como modelar el sistema visual. Semir Zeki de la University College London es pionero de la moderna neuroestética y está echando adelante un programa de investigación para tratar de establecer las piezas que apuntalan la creatividad, la belleza y hasta el amor. El trabajo de Zeki lleva ya varios años en desarrollo. En 2004 llevó a efecto un estudio de neuroimágenes diseñado para investigar los correlativos neurales de la belleza. A diez participantes se les mostró 300 pinturas y se les pidió que clasificaran a cada una de ellas como bellas, feas o neutrales. Las pinturas clasificadas de bellas por algunos de los participantes fueron clasificadas de feas por otros, y viceversa. Entonces se les mostró nuevamente las pinturas a los participantes mientras estaban en un scanner. Las pinturas "bellas" incrementaron la actividad en la corteza orbito-frontal, que está involucrada en emoción y recompensa. Interesantemente, mientras "más fea" una pintura, mayor era la actividad motriz de la corteza, como si el cerebro se preparara para escapar. Más recientemente, Zeki ha comenzado a colaborar con académicos de las artes y humanidades bajo la guía de una junta consejera multidisciplinaria que incluye al autor A. S. Byatt y a Jonathan Miller, físico y productor de ópera. Se ha dicho que el trabajo de Zeki penetra en lo que es ser humano. Y puede revelar las bases de condiciones como la depresión, que son marcadas por por un reducido sentido de la estética. Otro neurocientífico, Hugo Spiers, está investigando cómo codifica el cerebro la dirección, localización y las dimensiones del espacio; y las implicaciones para la arquitectura pueden ser profundas. Spiers colaboró hace poco con el artista Antoni Malinowski y la arquitecto Bettina Vismann en un proyecto que busca explorar la relación entre arte, arquitectura y el cerebro, de lo cual resultó una instalación llamada Neurotopography, que rastreó la relación entre movimiento a través del espacio y la actividad del cerebro. "Cuando alguien atraviesa el espacio, el cerebro produce un patrón de oscilación rítmica", explica Spiers. "Tratamos de realizar esta comprensión abstracta dentro de una realidad de todos los días." En cuanto a la arquitectura, alterar el espacio puede tener un gran impacto en el funcionamiento del cerebro. Cambiar las dimensiones del encierro de un animal causa que las células de rejilla alteren las escalas en concordancia, de tal manera que la periodicidad de su disparar o reaccionar, que se observa a medida en que el animal se mueve cruzando el espacio, crece o decrece. Sorprendentemente, negociar un corredor en direcciones opuestas sonsaca patrones totalmente diferentes de la actividad celular de lugar, de tal manera que el mismo espacio es aparentemente codificado en dos lugares diferentes. Una menos sorprendente pero igualmente importante es el descubrimiento de que la carencia de una señal reconocible causa desorientación. Spiers y sus colegas ahora investigan cómo la mente codifica el espacio tridimensional. Al registrar actividad neural a medida que la ratas negociaban una escalera en espiral, encontraron que las células de lugar, pero no las de rejilla, respondieron a los cambios en altura. De tal manera, el cerebro pareciera codificar las dimensiones verticales y horizontales de maneras diferentes. Este conocimientos de cognición espacial ofrecen un entendimiento de las respuestas del cerebro al ambiente construido y puede informar a los arquitectos a medida en que consideren los elementos estéticos y funcionales del espacio. "Desde un punto de vista arquitectónico", dice Vismann, "considero fascinante la correspondencia entre lo que ocurre en el cerebro y la naturaleza física del espacio y la navegación espacial." Ella espera que entendiendo las neurales de la percepción espacial inspirará proyectos, informará sobre el proceso de diseño, y ayudará a formular maneras de organización espacial. El trabajo futuro dilucidará los efectos a largo plazo sobre lo que nos rodea sobre función cerebral y la relación entre espacios estéticamente placenteros y su funcionalidad. Lo que uno considera bello es, por supuesto, influenciado por el aprendizaje cultural, y la experiencia, y no todo lo que encontramos bello será al final procedente de la estructura y funcionamiento del cerebro. La pregunta mayor, "¿Qué es la belleza?", aún posee un reto superior, pero responderla pareciera que ya no es imposible.