La belleza y el cerebro
27/04/09 16:03 Filed in: Saberes

La ciencia está vigorizando la búsqueda de la teoría de la belleza. Y eso comienza por la pregunta: ¿qué es la belleza? David Hume argumentó que la belleza existe no en las cosas sino "en la mente de quien la contempla", y es como el viejo dicho de que la belleza está en el ojo del espectador. Pero Platón tenía otra respuesta para argumentar por una verdad universal: en su mundo de formas, afirmó que existía una perfecta Forma de la Belleza, que era imperfectamente manifestada en lo que llamamos bello.
Pese a
la fascinación de la afirmación metafórica de Platón, los
estudiantes de estética han luchado por substanciarla. Los
psicólogos evolucionistas han argumentado que existen aspectos
universales cuantificables, describibles, de la capacidad humana
para apreciar formas bellas, quizás originándose en la experiencia
de nuestros ancestros en las sabanas africanas o en la necesidad de
encontrar parejas apropiadas. Pero no han resuelto el problema. Sin
embargo, el trabajo reciente de varios investigadores de la
University College London -incluyendo el establecimiento del primer
programa para la investigación neurobiológica de estética, o
neuroestética- ha dado los primeros pasos hacia la unificación de
la teoría biocultural del arte. La belleza de un objeto puede que
no sea universal, pero la base neural para apreciar la belleza
probablemente lo sea. Los descubrimientos iniciales de los
investigadores y la creciente formalización del campo prometen por
primera vez abrir el camino para una comprensión de la belleza
basada en algo diferente a la especulación. Los primeros estudios
de estética y el cerebro comenzaron con el tipo de
auto-experimentación que ya la ciencia no alienta. El neurólogo de
los 1920s Heinrich Kluver documentó las alucinaciones que
experimentó bajo la influencia de la mescalina, utilizando cuatro
categorías: cuadrículas, zigzags, espirales y curvas. Notando las
similitudes con las alucinaciones experimentadas en varias
condiciones, como migraña, privación sensorial, y el estado
hipnagógico que ocurre en la transición del estado insomne a
dormir, las llamó "constantes de forma". Estos motivos parecen en
realidad constantes, recurren a través de la historia y a través de
las culturas, y pueden ser vistos, por ejemplo, en las pinturas
prehistóricas de las cavernas, en los patrones girih de los
mosaicos de cerámica que decoran las mezquitas medievales, y en las
teselaciones de las imposibles figuras de M. S. Escher o las
formas rectangulares de las Composiciones de Mondrian. Subrayando
esos patrones, al menos en parte, están las intrínsecas propiedades
del sistema nervioso visual. La mayoría de las neuronas en la
corteza visual primaria ocurren en estructuras repetitivas llamadas
columnas de dominio ocular; estas en cambio está organizadas en
hipercolumnas, cuyas interconexiones de largo alcance se disponen
geométricamente. La actividad espontánea de estas redes neurales
originan los patrones que Kluver estudió. Tales investigaciones de
la biología de la estética, sin embargo, no ha sido objeto de
investigación primaria por parte de nadie; las investigaciones han
estado subordinadas a otros trabajos, como modelar el sistema
visual. Semir Zeki de la University College London es pionero de la
moderna neuroestética y está echando adelante un programa de
investigación para tratar de establecer las piezas que apuntalan la
creatividad, la belleza y hasta el amor. El trabajo de Zeki lleva
ya varios años en desarrollo. En 2004 llevó a efecto un estudio de
neuroimágenes diseñado para investigar los correlativos neurales de
la belleza. A diez participantes se les mostró 300 pinturas y se
les pidió que clasificaran a cada una de ellas como bellas, feas o
neutrales. Las pinturas clasificadas de bellas por algunos de los
participantes fueron clasificadas de feas por otros, y viceversa.
Entonces se les mostró nuevamente las pinturas a los participantes
mientras estaban en un scanner. Las pinturas "bellas" incrementaron
la actividad en la corteza orbito-frontal, que está involucrada en
emoción y recompensa. Interesantemente, mientras "más fea" una
pintura, mayor era la actividad motriz de la corteza, como si el
cerebro se preparara para escapar. Más recientemente, Zeki ha
comenzado a colaborar con académicos de las artes y humanidades
bajo la guía de una junta consejera multidisciplinaria que incluye
al autor A. S. Byatt y a Jonathan Miller, físico y productor de
ópera. Se ha dicho que el trabajo de Zeki penetra en lo que es ser
humano. Y puede revelar las bases de condiciones como la depresión,
que son marcadas por por un reducido sentido de la estética. Otro
neurocientífico, Hugo Spiers, está investigando cómo codifica el
cerebro la dirección, localización y las dimensiones del espacio; y
las implicaciones para la arquitectura pueden ser profundas. Spiers
colaboró hace poco con el artista Antoni Malinowski y la arquitecto
Bettina Vismann en un proyecto que busca explorar la relación entre
arte, arquitectura y el cerebro, de lo cual resultó una instalación
llamada Neurotopography, que rastreó la relación entre movimiento a
través del espacio y la actividad del cerebro. "Cuando alguien
atraviesa el espacio, el cerebro produce un patrón de oscilación
rítmica", explica Spiers. "Tratamos de realizar esta comprensión
abstracta dentro de una realidad de todos los días." En cuanto a la
arquitectura, alterar el espacio puede tener un gran impacto en el
funcionamiento del cerebro. Cambiar las dimensiones del encierro de
un animal causa que las células de rejilla alteren las escalas en
concordancia, de tal manera que la periodicidad de su disparar o
reaccionar, que se observa a medida en que el animal se mueve
cruzando el espacio, crece o decrece. Sorprendentemente, negociar
un corredor en direcciones opuestas sonsaca patrones totalmente
diferentes de la actividad celular de lugar, de tal manera que el
mismo espacio es aparentemente codificado en dos lugares
diferentes. Una menos sorprendente pero igualmente importante es el
descubrimiento de que la carencia de una señal reconocible causa
desorientación. Spiers y sus colegas ahora investigan cómo la mente
codifica el espacio tridimensional. Al registrar actividad neural a
medida que la ratas negociaban una escalera en espiral, encontraron
que las células de lugar, pero no las de rejilla, respondieron a
los cambios en altura. De tal manera, el cerebro pareciera
codificar las dimensiones verticales y horizontales de maneras
diferentes. Este conocimientos de cognición espacial ofrecen un
entendimiento de las respuestas del cerebro al ambiente construido
y puede informar a los arquitectos a medida en que consideren los
elementos estéticos y funcionales del espacio. "Desde un punto de
vista arquitectónico", dice Vismann, "considero fascinante la
correspondencia entre lo que ocurre en el cerebro y la naturaleza
física del espacio y la navegación espacial." Ella espera que
entendiendo las neurales de la percepción espacial inspirará
proyectos, informará sobre el proceso de diseño, y ayudará a
formular maneras de organización espacial. El trabajo futuro
dilucidará los efectos a largo plazo sobre lo que nos rodea sobre
función cerebral y la relación entre espacios estéticamente
placenteros y su funcionalidad. Lo que uno considera bello es, por
supuesto, influenciado por el aprendizaje cultural, y la
experiencia, y no todo lo que encontramos bello será al final
procedente de la estructura y funcionamiento del cerebro. La
pregunta mayor, "¿Qué es la belleza?", aún posee un reto superior,
pero responderla pareciera que ya no es imposible.





