Con el Dolor en la Espalda

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Es la molestia más frecuente y una de las más difíciles de resolver. Entendiendo las causas del dolor y abordándolo con terapias naturales se consiguen los mejores resultados. Está demostrado que es más eficaz y seguro que las soluciones drásticas o tecnológicas.

Casi la mitad de la población española sufre a lo largo del año algún episodio de dolor de espalda. Las quejas son frecuentes en la edad madura y cada vez más entre los jóvenes: uno de cada cinco menores de 29 años ya ha visitado el médico por esta causa. A menudo, las molestias desaparecen sin tratarlas, pero una de cada cuatro personas que acude al médico se ve incapacitada para trabajar o para desenvolverse con normalidad. Lo peor es que la mayoría no encuentra un tratamiento eficaz que resuelva definitivamente su problema y se conforma con el alivio que proporcionan analgésicos y antiinflamatorios, que no están libres de efectos secundarios. Tampoco es extraño que se sometan a operaciones quirúrgicas innecesarias y frecuentemente ineficaces. Sin embargo, no es tan difícil liberarse del dolor por completo, rápidamente y sin recurrir a medidas drásticas. Sólo hace falta un tratamiento individualizado que aborde la verdadera causa del problema.
Empeñarse en la curación
Nadie debe resignarse a su dolor de espalda, aunque es necesario empeñarse en descubrir su origen. Uno de los obstáculos con los que se encuentra el paciente en su búsqueda es la superespecialización de los terapeutas. Cada uno realiza un diagnóstico y un tratamiento en función de sus conocimientos parciales. El traumatólogo convencional no quiere saber nada de tensiones emocionales y el quiromasajista quizá no reconozca todas las ventajas de los estiramientos o el fortalecimiento muscular, por poner sólo dos ejemplos. Por eso, muchos pacientes encuentran la solución en el enésimo profesional que visitan.

Para no perder el tiempo, conviene dirigirse a un terapeuta que se atreva a afrontar tanto problemas psicológicos como físicos, que además conozca la mayor cantidad posible de recursos terapéuticos, sean ortodoxos o alternativos. Por desgracia, lo más frecuente es lo contrario. Cuando una persona con dolor de espalda acude al médico, éste suele ofrecerle un diagnóstico, a veces después de haber hecho una radiografía o alguna otra prueba. Le aseguran que la culpa es de la artrosis, de una hernia discal, de un problema muscular o de un pinzamiento nervioso. La verdad es que se equivocan en la mitad de los casos por lo menos. Dos radiografías donde se aprecie una artrosis idéntica pueden corresponder a una persona con dolor y otra sin. Es fácil echarle la culpa a la artrosis, pero no siempre la tiene.
En cualquier caso, es una oportunidad para no seguir buscando la auténtica causa. Lo mismo puede decirse de las hernias discales.

Aunque el ser humano no es ninguna máquina, a menudo la causa del dolor de espalda es esencialmente de tipo mecánico. Las contracturas musculares, los desequilibrios en la pelvis o una manera incorrecta de caminar o de sentarse pueden impedir el engranaje natural de las vértebras y las articulaciones. Además, el estilo de vida actual conspira contra la espalda. Se camina sobre superficies demasiado duras que van minando la resistencia de las vértebras, se realiza poco ejercicio, se descansa en sillones y camas demasiado blandos y se transportan los pesos de forma inadecuada. El efecto de los malos hábitos es acumulativo y se traduce en dolores que pueden ser crónicos o de aparición periódica. Una desarmonía, con independencia de la zona en que comienza, hace que todo el cuerpo responda con intentos de compensación que producen sobrecargas musculares, luego cansancio y finalmente dolor.

Orígenes Emocionales
Es igualmente cierto que una persona con un funcionamiento musculoesquelético perfecto puede sufrir terribles dolores de espalda debido al corsé impuesto por las tensiones emocionales.En nuestros días, muchos dolores de espalda son debidos al estrés laboral. Las personas perfeccionistas, que se exigen demasiado, son propensas a sufrir este tipo de problemas.
Otro buen número son causados por los problemas en la vida familiar y sexual. Muchos dolores de espalda, en la nuca y en los hombros que afectan a las mujeres con más de 40 años tienen una explicación psicosomática: son la consecuencia de la acumulación de responsabilidades y conflictos.

Como regla general, las molestias que no son intermitentes, que no aparecen al realizar un movimiento o al estar en una postura determinados, sino que se mantienen incluso mientras se descansa, pueden responder a tensiones de origen psíquico. En estos casos están indicadas las técnicas de relajación y, si es necesario, la terapia psicológica.
El yoga, el taichí o cualquier disciplina que ayude a tomar conciencia de lo que ocurre en el cuerpo, a descubrir dónde están las tensiones y a eliminarlas, pueden resultar también eficaces.

Medidas inmediatas
Ante un dolor de espalda que se repite o no desaparece en pocos días hay que reaccionar rápido. Para empezar, se pueden tomar cinco medidas de urgencia sin necesidad de acudir a un profesional:

Mantenerse activos. Los dolores de espalda más frecuentes no necesitan reposo. Conviene hacer ejercicio para mejorar la circulación sanguínea y activar el sistema inmunitario. Así, los tejidos recibirán nutrientes y se reparará cualquier daño. Basta con caminar, correr o ir en bicicleta. La única prevención es no hacer nada que esté por encima de las posibilidades de nuestra condición física.

Aplicarse frío. Colocar cubitos de hielo en una toalla, bolsas terapéuticas o simples compresas empapadas en agua fría durante diez minutos ayuda cuando el dolor es más intenso. El frío relaja la musculatura.

Luego, calor. Parece una contradicción, pero a veces el calor también resulta beneficioso. Se recomienda aplicar calor cuando el dolor vuelve con intensidad menor después de haberle administrado frío. Se puede recurrir a la sauna, una botella de agua caliente, una ducha o una lámpara de infrarrojoS. No se recomienda aplicar calor cuando el dolor es muy agudo y responde a una inflamación masiva. Lo que siempre ayuda es colocarse una botella de agua caliente en la barriga con un paño húmedo debajo. De esta manera se relaja la espalda a través de las zonas reflejas.

Respirar para relajarse. Hay que sentarse con la espalda recta o, si se puede, tumbarse boca arriba sobre una superficie no demasiado blanda. Se coloca una mano sobre la barriga y se empieza a respirar tranquila y profundamente, inspirando y espirando de forma consciente. En sólo dos minutos, la espalda se relaja y la sensación de dolor se reduce.

Mantener la normalidad. En ningún caso hay que permitir que el dolor altere la vida cotidiana. Se debe continuar con las actividades habituales, de lo contrario puede iniciarse una espiral de dolor y malestar de la que cada vez resulta más difícil escapar.